Neoliberalismo [Parte 5]

El neoliberalismo mexicano real

La economía

Durante el salinismo[1] el crecimiento fue bastante desigual y, en conjunto, pobre. Pero su herencia es terrible. El producto interno bruto (P1B) casi no creció en 1993 (0.4%), pero el año electoral de 1994 sí (3.5%). Sin embargo, en 1995 volvió a caer, y de forma espectacular, brutal, no experimentada desde los peores días de la revolución mexicana: alrededor de 8%, según lo admitió el propio presidente ante un grupo de representantes de la Unión Europea.

Para el mexicano común y corriente el nivel de vida está en función directa de su empleo y remuneración. El poder adquisitivo de la remuneración ha caído y el empleo mismo está en peligro. El INEGI institución que nunca exagera en materia de desempleo  calculó que en 1995 había dos millones seiscientos veinticinco mil mexicanos en el desempleo total: 6.6% de la población económicamente activa (PEA), que es de 36.1 millones de personas: un aumento de 100% de diciembre de 1994. Se teme que en el futuro inmediato las filas de los sin trabajo van a seguir aumentando. Ahora bien, si tomamos en cuenta a desempleados y subempleados, entonces los afectados por la crisis del neoliberalismo real serían más de 40% de la PEA, según admisión del propio secretario de Trabajo.

En cuanto a los proclamados logros de “las reformas al sector financiero”, esa banca privatizada y vendida a un puñado de favoritos del sexenio, y que tan espectaculares utilidades tuvo en los primeros años, hoy está al borde de la quiebra. En efecto, al concluir el segundo trimestre de 1995, los bancos privados registraron pérdidas por cuatro mil millones de nuevos pesos. El gobierno tuvo que entrar al rescate de la banca canalizándole apoyo por cinco mil trescientos millones de dólares en los primeros cinco meses de 1995, además de que varios bancos extranjeros empezaron a adquirir parte de lo que en otro tiempo fue una banca enteramente mexicana. Hasta el momento, diez mil empresas micro, pequeñas y medianas se han visto obligadas a llegar a la suspensión de pagos. Para el productor mexicano, el costo del crédito está muy por encima del que tienen sus competidores, y los abogados de la banca andan a la caza de las propiedades de miles de clientes con cartera vencida, cuyo monto llegaba a los noventa y dos mil millones de nuevos pesos a mediados de 1995. En realidad, los bancos proyectaron subastar pronto en el extranjero bienes raíces de sus deudores mexicanos por seis mil millones de dólares.

La estabilización de precios fue uno de los grandes orgullos del salinismo. Para lograrlo se sobrevaluó el peso y como resultado el déficit externo creció y creció. En 1989 el déficit en cuenta corriente era ya de seis mil millones de dólares, pero en 1991 había saltado a casi dieciséis mil millones y para 1994 fue muy superior a los veinte mil millones. La aparente prosperidad estaba, pues, montada en un impresionante desbalance en el intercambio de México con el resto del mundo. En su momento, el salinismo afirmó que tal hecho no importaba, pues el resto del mundo confiaba en el modelo y seguiría metiendo su ahorro en México para suplir el que internamente no se generaba. Y así fue, lo malo es que el grueso de ese ahorro no era para inversión productiva, sino especulativo y volátil, que llegó atraído por las altas tasas de interés y que se fue en cuando calculó que la sobrevaluación del peso ya no resistía más. Vino entonces la necesidad de detener la hemorragia en las reservas mediante una rápida devaluación “los errores de diciembre del 95[2]” , y entonces desapareció lo que quedaba de la “confianza” de los especuladores. Fue así que todo el esquema se vino abajo y que la apuesta de los salinistas se perdió.

La deuda externa total que había llegado a los cien mil millones de dólares al cierre del sexenio de Miguel de la Madrid, empezó a descender con Salinas. Pero en 1990 volvió a aumentar y ahora su crecimiento simplemente se disparó. A mediados de 1995 se calculaba que el monto de esa deuda llegaba a la impresionante suma de ciento sesenta y dos mil millones de dólares e iba a seguir creciendo. El futuro está hipotecado.


[1] Periodo comprendido entre 1988 y 1994 durante el cual Carlos Salinas de Gortari, un reformista con pensamiento neoliberal y perteneciente al PRI (Partido de la Revolución Institucional), ocupó la presidencia de la República Mexicana.

[2] La crisis económica de México de 1994 fue una crisis iniciada en México de repercusiones mundiales.

OzzBarrera

Neoliberalismo [Parte 4]

Neoliberalismo en las economías del sur

El neoliberalismo llegó con fuerza a los países del sur con la crisis financiera de 1982 en México, en que ese país declaró a sus acreedores internacionales, incluyendo el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que ya no podía pagar sus deudas. Aprovechándose de la posición vulnerable de muchos países del sur, el FMI y el Banco Mundial empezaron durante los 80 a obligar a los países a hacer grandes cambios en las estructuras de sus economías. Estos cambios se llaman políticas de ajuste estructural y han traído consecuencias profundamente perjudiciales para millones de personas en los países afectados.

El neoliberalismo económico junto con el pacto conservador, son los modelos económicos de las últimas décadas. En México son claros los hechos del neoliberalismo.

Con la introducción del neoliberalismo como modelo económico de México, el estado perdió industrias importantes, una de ellas es Telmex, esta industria a pesar de estar manejada por el gobierno es sostenida por particulares, el transporte público es la actualidad es llevado por particulares, también, el estado pierde fuerza día a día con respecto a los aspectos económicos del país.

El estado mexicano no es por principio ni por naturaleza un mal administrador; no es tampoco un mal empresario; lo que se cuestiona es si debe serlo convirtiéndose en un actor de la economía, en lugar de rector de la misma. Es fácil privatizar y desincorporar desde las aulas, medios de comunicación, organismos internacionales o extranjeros, pero muy difícil hacerlo desde la óptima del gobierno, por que lo que para otros países o economías puede llegar a convertirse en lastre, o sea la intervención directa del estado, para caso nuestro y nivel de desarrollo y consolidación del sector privado, parece ser que la intervención estatal es más justificada y necesaria. Por lo tanto la privatización y la desincorporación, al igual que otros rasgos del neoliberalismo, no debe verse como la panacea, sino como una medida estratégica dentro de un enfoque de modernidad, a fin de llegar al espacio necesario para que la función pública logre un grado razonable de eficiencia, productividad y rentabilidad, participando conjuntamente con los particulares y reservándose todas las áreas estratégicas.

En el sexenio de Miguel de la Madrid, desde 1985 para ser exactos, un puñado de jóvenes economistas, partidarios de desplazar al Estado por el mercado, maniobraron con habilidad y lograron arrebatar el poder a los políticos tradicionales. El supuesto derecho de mando de estos economistas o tecnócratas no provino de las urnas o de algo semejante las elecciones de 1988 carecieron de credibilidad y las de 1994 de equidad  sino de su supuesta capacidad para conocer y manipular las variables económicas.

Ya en el poder, los tecnócratas-políticos se dijeron portadores de una ideología que presentaron como ciencia distinta y superior a la que había fracasado bajo el neopopulismo locuaz o frívolo de Luís Echeverría y de José López Portillo, y en ella fincaron su legitimidad. Se trató de una ideología manufacturada en las grandes universidades norteamericanas, notablemente en la de Chicago, que estaba siendo puesta en práctica en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher y en el de Estados Unidos de Ronald Reagan, y que logró derrotar económicamente a la hoy desaparecida Unión Soviética. El proyecto de esos nuevos líderes mexicanos era la reintroducción de la lógica del mercado en un sistema económico ineficiente, dominado por un gobierno obeso, por los intereses corporativos y corruptos de sindicatos, organizaciones ejidales y patronales, y por industriales y comerciantes parasitarios, protegidos de la competencia externa. Desde la perspectiva de estos economistas encabezados por Carlos Salinas de Gortari, la lógica de la oferta y la demanda globales era la vía más eficiente en la asignación de los recursos escasos; era la única forma de superar el subdesarrollo e introducir a México al selecto grupo de los países triunfadores. Por ello, la gran meta del grupo salinista fue lograr la integración de México a la economía más fuerte del mundo mediante un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Para no repetir la triste historia de Mijail Gorbachov en la Unión Soviética que por reformar políticamente un viejo sistema estatista y autoritario destruyó tanto al sistema como al país , los tecnócratas decidieron que el camino adecuado era una modernización selectiva: transformar la economía, pero preservar y usar a fondo los instrumentos políticos heredados: autoritarios, antidemocráticos y premodernos. Fue así como el salinismo dio forma a algo que se puede llamar autoritarismo de mercado.

El término mismo de neoliberalismo nunca fue aceptado por aquellos que lo aplicaron en México, y hoy una buena razón histórica para ello. La revolución mexicana, origen de las estructuras y prácticas política vigentes, se concibió a sí misma como una reacción contra los terribles efectos sociales del liberalismo mexicano del siglo XIX en las comunidades indígenas y ciertas capas medias y proletarias. Es por ello que la constitución de 1917 fue, en buena medida, una reacción contra el liberalismo y sus concepciones del individuo y la sociedad. De ahí que el término con que Carlos Salinas de Gortari identificó su proyecto fuese el de liberalismo social, concepto que pretendía ligar la legitimidad del pasado estatista donde se suponía que el interés colectivo subordinaba al individual  con la nueva economía de mercado.

La contradicción entre teoría y realidad que experimentó el liberalismo del siglo XIX volvió a ocurrir, aunque compactada, con el nuevo liberalismo de fines del siglo XX.

Frente al término de social, otros adentro y afuera de México prefirieron darle un título más simple y más en boga: neoliberalismo. Sin embargo y en sentido estricto, ninguno de los dos calificativos ni social ni nuevo  es realmente el adecuado, pues en la práctica aquello a lo que se califica de liberalismo no es otra cosa que un neomercantilismo[1].


[1] Término usado para describir la política de un régimen que fomenta las exportaciones, desalienta las importaciones, los controles de circulación de capital y moneda centraliza las decisiones en manos de un gobierno central.

OzzBarrera

Neoliberalismo [Parte 3]

Datos Históricos

En teoría, el neoliberalismo suele defender algunos conceptos filosóficos del viejo liberalismo clásico[1] del siglo XIX, aunque sus alineamientos políticos y su empecinamiento con ideas posteriores, hace de él una doctrina de dicho liberalismo clásico.

Entre las cuestiones ampliamente promovidas por el neoliberalismo están la extensión de la iniciativa privada a todas las áreas de la actividad económica o la limitación del papel del Estado. Entre las ideas y principios introducidos por el neoliberalismo clásico están el principio de subsidiariedad del Estado, y en especial, el monetarismo[2] de la Escuela de Chicago que, desde mediados de los años 50, se convirtió en crítico opositor de las políticas de intervención económica que se adoptaban en todo el mundo, junto con aportaciones del enfoque macroeconómico keynesiano.

Mientras dominaba el Keynesianismo en la economía global, otro economista muy influyente, Milton Friedman, proponía un modelo económico basado en principios básicamente opuestos a los de Keynes, un modelo que forma la base de lo que ahora se llama el neoliberalismo. Friedman propuso que el Estado no interviniera casi nada en la economía, es decir, que el control de la economía estuviera en manos del capital privado y ya no en manos del estado. Criticaba los gobiernos nacionales por sus burocracias enormes e ineficientes que impedían el funcionamiento óptimo del mercado.

Como asesor a los presidentes de los Estados Unidos de América Richard Nixon y Ronald Reagan, llegó a tener una influencia decisiva sobre la estructuración de la economía global. Este último, acompañado por su contrapartida Margaret Thatcher, Primera Ministro del Reino Unido, empezó a aplicar las teorías económicas de Friedman a la práctica. Con el objetivo de permitir a las corporaciones e inversionistas operar libremente para maximizar sus ganancias en cualquier parte del mundo, estos dos mandatarios promovieron políticas de comercio libre, desregulación, privatización de empresas públicas, baja inflación, el movimiento libre de capital, y presupuestos equilibrados (se gasta lo que se recauda en ingresos).

Las políticas macroeconómicas recomendadas por teóricos o ideólogos neoliberales incluyen:

  • Políticas monetarias restrictivas: Aumentar tasas de interés o reducir la oferta de dinero. Con ello disminuye la inflación y se reduce el riesgo de devaluación. No obstante con esto se inhibe el crecimiento económico ya que se disminuye el flujo de exportaciones y se perpetúa el nivel de deuda interna y externa denominada en monedas extranjeras. Así mismo, se evitan los llamados ciclos económicos.
  • Políticas fiscales restrictivas: Aumentar los impuestos sobre el consumo y reducir los impuestos sobre la producción y la renta; eliminar regímenes especiales; disminuir e gasto público. Con ello se supone que se incentiva la inversión, se sanean las finanzas públicas y se fortalece la efectividad del Estado. No obstante no se distingue entre los niveles de ingreso de los contribuyentes, donde unos pueden pagar más impuestos que otros, y se grava a las mayorías mientras que exime a las minorías, deprimiéndose así la demanda, si bien se busca apoyar la oferta, buscando el bienestar de toda la sociedad.
  • Liberación: Tanto la liberación para el comercio como para las inversiones se supone que incentivan tanto el crecimiento como la distribución de la riqueza, al permitir:
  1. Una participación más amplia de agentes en el mercado (sin monopolios u oligopolios),
  2. La generación de economías de escala (mayor productividad),
  3. El aprovechamiento de ventajas competitivas relativas (mano de obra barata),
  4. El abaratamiento de los bienes y servicios (al reducirse costos de transportación y de proteccionismo, y
  5. El aumento en los niveles de consumo y el bienestar derivado de ellos (en general aumento de la oferta y la demanda en un contexto de libre mercado, con situaciones de equilibrio
  • Privatización: Se considera que los agentes privados tienden a ser más productivos y eficientes que los públicos y que el Estado debe adelgazarse para ser más eficiente y permitir que el sector privado sea el encargado de la generación de riqueza.
  • Desregulación: Se considera que demasiadas reglas y leyes inhiben la actividad económica y que su reducción a un mínimo necesario propician un mayor dinamismo de los agentes económicos.


[1] Es un concepto usado para englobar las ideas políticas formuladas durante los siglos XVII y XVIII, contrarias al poder absoluto del Estado y su intervención en asuntos civiles, la autoridad excluyente de las iglesias, y cualquier privilegio político y social, con el objetivo de que el individuo pueda desarrollar sus capacidades individuales y su libertad en el ámbito político y religioso. Su base fundamental se encuentra en la doctrina de la ley natural, cuyo más representativo exponente es John Locke.

[2] Teoría macroeconómica que se ocupa de analizar la oferta monetaria.

Neoliberalismo [Parte 2]

Planteamiento del Problema

Neoliberalismo es uno de los nombres que se usa para describir una ideología económica. También se puede llamar capitalismo corporativo, globalización corporativa, globalización, y hasta la economía suicida[1]. Esta ideología es la que actualmente domina las políticas de la economía global.

¿Cómo se creó el neoliberalismo?, ¿cómo llegó a dominar el mundo económico?, ¿cómo el neoliberalismo afecta a los pueblos del mundo?, ¿cuáles son los cimientos que sostienen a este –Quizás terrible monstruo –neoliberalismo? y, ¿qué otras formas hay de estructurar las economías?.

Hipótesis

El  orbe neoliberal en el cual las economías mundiales deben desenvolverse, presenta en la actualidad una fuerte cantidad de obstáculos y retos que el orden internacional le impone a los países. El neoliberalismo es entonces ambivalente, ya que mientras para los países desarrollados y las grandes potencias es la clave de su desarrollo y poder,   para las economías en vías de desarrollo se presenta como un imponente leviatán,  ante el cual deben presentar alternativas y toda clase de medidas que garanticen el crecimiento de su economía, en este contexto no sirve de mucho entregarse por completo a las políticas económicas impuestas por las instituciones de Bretton Woods como tampoco el quedarse de brazos cruzados al ver como la economía nacional se hunde, la respuesta esta en todos los pequeños empresarios que junto a su visión emprendedora están dispuestos a  luchar hasta el final por levantar el renombre de la producción mexicana, un sueño que raya a utopía al observar con realismo el escenario internacional, pero que pese es quizás nuestra única esperanza.

El presente trabajo buscara responder las siguiente preguntas. ¿Cuáles son los retos que el mundo neoliberal impone a los mexicanos como empresarios?; ¿De que forma podemos lograr una visión común para sobrepasar los obstáculos que el mencionado neoliberalismo nos inflige?;  ¿Cuáles son las alternativas tomadas históricamente por parte del gobierno para atenuar el daño que produce el neoliberalismo? –Si es que existen–.

Objetivo General

Saber si el empresario mexicano, que vive bajo una mundo que está regido por una economía neoliberal, está capacitado para ver más allá de los límites que éste modelo nos impone.

Objetivo Particular

Indagar si existe algún modelo que destruye dichas barreras y en base a esto saber como se podría implementar en el país y a su vez, en base a las experiencias de otros países, conocer si afectaría la relación comercial y diplomática con otras potencias, pues el modelo neoliberal tiene a poner límites, barreas a las economías tercermundistas, influencias y hasta quizás oprimidas por las instituciones Bretton Woods y potencias del primer mundo.


[1] Se advierte que el capitalismo podría colapsarse si una parte de la población deja de actuar de forma racional de acuerdo con sus intereses y cae en una espiral de crédito y consumo que no puede controlar.

OzzBarrera

Neoliberalismo [Parte 1]

Hace un par de años me consideraba una persona que veía al capitalismo como algo realmente bueno. No le podía encontrar ningún tipo de fallas al modo de producción actual, simplemente era algo perfecto. No entendía a Marx y a su comunismo, pues no le encontraba sentido que todos viviéramos en igualdad de condiciones. Quizás suene a un pensamiento demasiado egoísta, pero vamos, no sabía nada sobre economía, no tenía la más mínima idea de cómo eran las condiciones de vida en otros países… Ignorancia, pero no por querer tenerla, sino por la falta de información y educación.

Si hoy me preguntaran que pienso acerca del capitalismo, mi respuesta no sería como la de hace unos tres años. En primer lugar apretaría los labios para formar una fina línea con ellos y después daría un suspiro –quizás hasta arrugaría la nariz–, abriría la boca y diría que apesta. “¿Por qué?”, sería la pregunta a mi respuesta tan poco entusiasta.

Respuesta: El capitalismo no es algo más que la explotación del hombre por el hombre, donde la única diferencia al modo de producción esclavista, es que se recibe un remuneración por los servicios otorgados… Bueno, por ir y trabajar para un ejecutivo de gran poder económico y social, someterse a sus reglas para poder mantenerte a ti y a tu familia, para poder comer todos los días. ¿Y sabes qué es lo peor? La fuerza laboral no tiene otra cosa que precisamente eso, su fuerza de trabajo.

Ahora, si lo vemos a nivel mundial, las grandes empresas se terminan los recursos con la sobreexplotación, le quitan la vivienda a personas para instalar sus fábricas o lo que sea. El capitalismo por desgracia tiene clases sociales, lo que sería igual a una desigualdad de condiciones de vida… Si no hubiera capitalismo y por lo tanto no hubiera esa división de clases; no habría niños trabajando en las calles de nuestro país; quizás no hubiera tantas personas muriendo por falta de alimento en países africanos; el padre de familia que trabaja por su familia no estaría tan preocupado por falta de dinero, pensado que hoy sus hijos no comerán o que mañana ya no podrán ir a la escuela; podría citar más y más ejemplos sobre lo que trae el modo de producción actual y el neoliberalismo, donde éste último le da todo el poder a las empresas para mejorar la economía del país.

Creer en que se pueden disolver los problemas socioeconómicos no es una utopía, es algo que todos deberíamos creer por que es posible. Si todos dejáramos de ser egoístas y empezar a pensar por el bienestar de los que menos tienen quizás las cosas mejorarían poco a poco, pero sabemos que el creerlo no es suficiente.

El Estado como responsable del bienestar de la población debería ser el primer ente en apoyar a los más marginados, darle una calidad de vida a los habitantes realmente buena… ¿Pero qué puede hacer el Estado por la población si está más ocupado tratando de tener contentas a las grandes empresas que son las que traen el capital a nuestro país? Es… como si no importáramos, como si fuéramos maquinas que trabajan y nada más, máquinas que obedecen y que no pueden opinar, y que si lo hacen son ignoradas.

A medida que la economía se desarrolla se establecen razones que justifican la intervención del Estado, pero es el reconocimiento de la poca capacidad que tiene el capitalismo para resolver problemas como son la pobreza y la inequidad lo hace las justificaciones para que el Estado tenga en sus manos el bienestar social como una responsabilidad.

En este trabajo se muestra al neoliberalismo y al estado benefactor como modelos que alternativos que han tenido éxito en contextos específicos, donde la gran diferencia entre uno y otro, es la definición social acerca de cómo los individuos acceden al bienestar que merecen. En el caso de México, el neoliberalismo parece que está fracasando, con lo que se abren espacios para que el Estado benefactor retorne, pero sin embargo, se enfrenta a retos enormes para superar el formato vigente en el período 1950-1980.

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Este es un ensayo que hice en mi semestre pasado. Te invito a que lo sigas y conforme suba las continuaciones, me gustaría que comentaras y publicaras lo que piensas.

Las intermitencias de la muerte

En un país cuyo nombre no será mencionado se produce algo nunca antes visto desde el principio del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. La euforia colectiva se desata, pero muy pronto dará paso a la desesperación y al caos. Sobran los motivos.

Si es cierto que las personas ya no mueren, eso no significa que el tiempo haya parado. El destino de los humanos será una vejez eterna.

Se buscarán maneras de forzar a la muerte a matar aunque no lo quiera, se corromperán las conciencias en los <<acuerdos de caballeros>> explícitos o tácitos entre el poder político, las mafias y las familias, los ancianos serás detestados por haberse convertido en estorbos irremovibles. Hasta el día en que la muerte decide volver…

Arrancando una vez más de una proposición contraria a la evidencia de los hechos corrientes, José Saramago desarrolla una narrativa de gran fecundidad literaria, social y filosófica que sitúa en el centro de la perplejidad del hombre ante la impostergable finitud de la existencia. Parábola de la corta distancia que separa lo efímero y lo eterno, Las intermitencias de la muerte bien podría terminar tal como empieza: <<Al día siguiente no murió nadie>>.

Y sí mis queridos lectores. Aquí otra de mis recomendaciones para aquellos que desean leer algo y no saben qué. Las intermitencias de la muerte, es un libro que acabo de empezar este fin de semana. Tengo que confesarles que ya lo tenía entre mis posesiones desde hace mucho tiempo, cortesía de una amiga claro. Había tratado de leerlo pero en aquel entonces no estaba lo suficientemente preparado para leer a Saramago. Esa primera vez que lo intenté leía pero no estaba poniendo atención. Se me hacía demasiado tedioso el leer tanta narración para poder llegar al punto deseado. Claro que después me interesé más en este autor y compré otros libros que por supuesto, los leí y me dejaron un buen sabor. Algo importante que debo mencionar, es que no he terminado el libro, pero por lo que llevo, puedo darme cuenta de que será bueno. Si alguien ya lo leyó, está invitado a comentar que le parece.

¿Qué piensan de la muerte?, ¿les gustaría que de un día para el otro la gente dejara de morir? A mi en lo personal, creo que sería un verdadero problema, por no decir fastidio. La muerte es parte de la vida, algo normal y nada del otro mundo. Pero imaginen por un momento que nadie muere. Al principio creo que todo mundo estaría confundido, después se alegrarían por tener un vida eterna y al final, se empiezan a desesperar por que ven como siguen envejeciendo y no mueren. Pierden fuerza, la visión, el oído y más, excepto la vida. La muerte se fue pero no se llevo las enfermedades, ni el dolor, ni tampoco la vejez. ¿Ya no es tan divertido verdad?

Creo que el morir, es empezar otra vida, aunque esto depende de cuales sean sus creencias. Yo tengo dos formas de ver la vida y la muerte.

La primera de ellas es que existe realmente eso que conocemos como espíritu o alma, la cual se encuentra encerrada en nuestro cuerpo, la cual podrá ser liberada cuando nuestro recipiente muera. Dicho espíritu saldrá de su jaula de carne y hueso, y se unirá al cosmos, a ser parte de la energía y a esperar a que un nuevo recipiente esté listo para ser usado. –Muy al estilo de Platón–

La segunda es que somos como un fósforo. Somos una reacción química, pulsos eléctricos que recorren nuestro cuerpo para mantenernos con vida. Procesos naturales de cualquier célula animal. Y simplemente cuando llega la hora de morir, no pasa nada. Nos apagamos y punto. Nada místico sale de nuestro cuerpo, no hay paraíso, no hay infierno. Nada de nada.

De las dos, la primera me parece más agradable. Pero la segunda es una opción a la cual no le tengo miedo. Cuando llegue el momento de partir, que espero no sea pronto, sino en un mucho, mucho, mucho tiempo, estaré ansioso por saber el gran misterio de la vida. ¿Qué hay después de la muerte? Si hay algo, pues ya me tocará sufrir en las llamas o descansar en las nubes. En caso de que no haya nada, ¿pues ya qué?, no podré sentir decepción o algo así.

¿Tu qué piensas de la muerte?

 

 

Marcas

Todos bien sabemos o, al menos la gran mayoría sí, que las marcas tienen un tremendo poder en la sociedad, aunque no siempre hay conciencia del verdadero peso e influencia que las marcas pueden tener. Claro que cuando se tiene esta conciencia, siempre pensamos en el plan vil de las empresas para manipularnos y hacer que compremos sus productos, o que nos sintamos identificados con ellas.

Algo que es inquietante es como asociamos las marcas con aspectos tan frágiles e importantes como son los valores. Llegamos incluso a comparar personas con marcas y viceversa, excluir  y criticar. Por ejemplo, muchas personas asocian Nike con Deportividad; Chanel con Lujo y Glamour; Audi con Velocidad y Estatus; Loreal con Brillo, Belleza y Cabello; Apple con Blanco y Minimalista, y así un sin fin de ejemplos.

Debemos tener en cuenta que para que lo anterior pase, las empresas deben tener un gran compromiso con sus clientes, tienen que mostrar que realmente merecen dichas asociaciones; todo para que sigamos comprando sus productos y sigamos creyendo los valores que representan. Todas estas asociaciones son ahora difícilmente de cambiarlas y criticarlas.

Un nuevo producto de Chanel siempre representará Lujo, Glamour, Moda y otras adjetivos, sin importar cuantos análisis se le haga o cuantas críticas reciba, siempre serán Lujo, Glamour, Moda, etc., por el simple hecho de ser Chanel. La gran trayectoria de la marca le ha dado el poder de adueñarse de dichos valores.

Y aquí es donde se empieza a comparar a las personas. Si queremos ser vistos como personas elegantes, refinadas, modernas, etc., entonces tendremos que usar ciertas marcas que nos den ese nivel.

Claro que también asociamos productos con marcas como es el caso de los pañuelos desechables que siempre son llamados Kleenex; las muñecas con Barbie; los refrescos de cola con Coca Cola, y más.

¿Hasta qué punto seremos capaces de entender determinados valores sin contar con el peso de las marcas? ¿Qué nos puede parecer lujoso, deportivo, moderno o femenino, sin redimir a los valores distintivos a los que asociamos a las marcas?

A mi punto de vista, no lo creo. El poder de las marcas ha controlado el funcionamiento de la sociedad y lo seguirá haciendo por mucho tiempo más. La pregunta en este caso sería, ¿hasta cuando?