Neoliberalismo [Parte 5]

El neoliberalismo mexicano real

La economía

Durante el salinismo[1] el crecimiento fue bastante desigual y, en conjunto, pobre. Pero su herencia es terrible. El producto interno bruto (P1B) casi no creció en 1993 (0.4%), pero el año electoral de 1994 sí (3.5%). Sin embargo, en 1995 volvió a caer, y de forma espectacular, brutal, no experimentada desde los peores días de la revolución mexicana: alrededor de 8%, según lo admitió el propio presidente ante un grupo de representantes de la Unión Europea.

Para el mexicano común y corriente el nivel de vida está en función directa de su empleo y remuneración. El poder adquisitivo de la remuneración ha caído y el empleo mismo está en peligro. El INEGI institución que nunca exagera en materia de desempleo  calculó que en 1995 había dos millones seiscientos veinticinco mil mexicanos en el desempleo total: 6.6% de la población económicamente activa (PEA), que es de 36.1 millones de personas: un aumento de 100% de diciembre de 1994. Se teme que en el futuro inmediato las filas de los sin trabajo van a seguir aumentando. Ahora bien, si tomamos en cuenta a desempleados y subempleados, entonces los afectados por la crisis del neoliberalismo real serían más de 40% de la PEA, según admisión del propio secretario de Trabajo.

En cuanto a los proclamados logros de “las reformas al sector financiero”, esa banca privatizada y vendida a un puñado de favoritos del sexenio, y que tan espectaculares utilidades tuvo en los primeros años, hoy está al borde de la quiebra. En efecto, al concluir el segundo trimestre de 1995, los bancos privados registraron pérdidas por cuatro mil millones de nuevos pesos. El gobierno tuvo que entrar al rescate de la banca canalizándole apoyo por cinco mil trescientos millones de dólares en los primeros cinco meses de 1995, además de que varios bancos extranjeros empezaron a adquirir parte de lo que en otro tiempo fue una banca enteramente mexicana. Hasta el momento, diez mil empresas micro, pequeñas y medianas se han visto obligadas a llegar a la suspensión de pagos. Para el productor mexicano, el costo del crédito está muy por encima del que tienen sus competidores, y los abogados de la banca andan a la caza de las propiedades de miles de clientes con cartera vencida, cuyo monto llegaba a los noventa y dos mil millones de nuevos pesos a mediados de 1995. En realidad, los bancos proyectaron subastar pronto en el extranjero bienes raíces de sus deudores mexicanos por seis mil millones de dólares.

La estabilización de precios fue uno de los grandes orgullos del salinismo. Para lograrlo se sobrevaluó el peso y como resultado el déficit externo creció y creció. En 1989 el déficit en cuenta corriente era ya de seis mil millones de dólares, pero en 1991 había saltado a casi dieciséis mil millones y para 1994 fue muy superior a los veinte mil millones. La aparente prosperidad estaba, pues, montada en un impresionante desbalance en el intercambio de México con el resto del mundo. En su momento, el salinismo afirmó que tal hecho no importaba, pues el resto del mundo confiaba en el modelo y seguiría metiendo su ahorro en México para suplir el que internamente no se generaba. Y así fue, lo malo es que el grueso de ese ahorro no era para inversión productiva, sino especulativo y volátil, que llegó atraído por las altas tasas de interés y que se fue en cuando calculó que la sobrevaluación del peso ya no resistía más. Vino entonces la necesidad de detener la hemorragia en las reservas mediante una rápida devaluación “los errores de diciembre del 95[2]” , y entonces desapareció lo que quedaba de la “confianza” de los especuladores. Fue así que todo el esquema se vino abajo y que la apuesta de los salinistas se perdió.

La deuda externa total que había llegado a los cien mil millones de dólares al cierre del sexenio de Miguel de la Madrid, empezó a descender con Salinas. Pero en 1990 volvió a aumentar y ahora su crecimiento simplemente se disparó. A mediados de 1995 se calculaba que el monto de esa deuda llegaba a la impresionante suma de ciento sesenta y dos mil millones de dólares e iba a seguir creciendo. El futuro está hipotecado.


[1] Periodo comprendido entre 1988 y 1994 durante el cual Carlos Salinas de Gortari, un reformista con pensamiento neoliberal y perteneciente al PRI (Partido de la Revolución Institucional), ocupó la presidencia de la República Mexicana.

[2] La crisis económica de México de 1994 fue una crisis iniciada en México de repercusiones mundiales.

OzzBarrera

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