Neoliberalismo [Parte 4]

Neoliberalismo en las economías del sur

El neoliberalismo llegó con fuerza a los países del sur con la crisis financiera de 1982 en México, en que ese país declaró a sus acreedores internacionales, incluyendo el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que ya no podía pagar sus deudas. Aprovechándose de la posición vulnerable de muchos países del sur, el FMI y el Banco Mundial empezaron durante los 80 a obligar a los países a hacer grandes cambios en las estructuras de sus economías. Estos cambios se llaman políticas de ajuste estructural y han traído consecuencias profundamente perjudiciales para millones de personas en los países afectados.

El neoliberalismo económico junto con el pacto conservador, son los modelos económicos de las últimas décadas. En México son claros los hechos del neoliberalismo.

Con la introducción del neoliberalismo como modelo económico de México, el estado perdió industrias importantes, una de ellas es Telmex, esta industria a pesar de estar manejada por el gobierno es sostenida por particulares, el transporte público es la actualidad es llevado por particulares, también, el estado pierde fuerza día a día con respecto a los aspectos económicos del país.

El estado mexicano no es por principio ni por naturaleza un mal administrador; no es tampoco un mal empresario; lo que se cuestiona es si debe serlo convirtiéndose en un actor de la economía, en lugar de rector de la misma. Es fácil privatizar y desincorporar desde las aulas, medios de comunicación, organismos internacionales o extranjeros, pero muy difícil hacerlo desde la óptima del gobierno, por que lo que para otros países o economías puede llegar a convertirse en lastre, o sea la intervención directa del estado, para caso nuestro y nivel de desarrollo y consolidación del sector privado, parece ser que la intervención estatal es más justificada y necesaria. Por lo tanto la privatización y la desincorporación, al igual que otros rasgos del neoliberalismo, no debe verse como la panacea, sino como una medida estratégica dentro de un enfoque de modernidad, a fin de llegar al espacio necesario para que la función pública logre un grado razonable de eficiencia, productividad y rentabilidad, participando conjuntamente con los particulares y reservándose todas las áreas estratégicas.

En el sexenio de Miguel de la Madrid, desde 1985 para ser exactos, un puñado de jóvenes economistas, partidarios de desplazar al Estado por el mercado, maniobraron con habilidad y lograron arrebatar el poder a los políticos tradicionales. El supuesto derecho de mando de estos economistas o tecnócratas no provino de las urnas o de algo semejante las elecciones de 1988 carecieron de credibilidad y las de 1994 de equidad  sino de su supuesta capacidad para conocer y manipular las variables económicas.

Ya en el poder, los tecnócratas-políticos se dijeron portadores de una ideología que presentaron como ciencia distinta y superior a la que había fracasado bajo el neopopulismo locuaz o frívolo de Luís Echeverría y de José López Portillo, y en ella fincaron su legitimidad. Se trató de una ideología manufacturada en las grandes universidades norteamericanas, notablemente en la de Chicago, que estaba siendo puesta en práctica en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher y en el de Estados Unidos de Ronald Reagan, y que logró derrotar económicamente a la hoy desaparecida Unión Soviética. El proyecto de esos nuevos líderes mexicanos era la reintroducción de la lógica del mercado en un sistema económico ineficiente, dominado por un gobierno obeso, por los intereses corporativos y corruptos de sindicatos, organizaciones ejidales y patronales, y por industriales y comerciantes parasitarios, protegidos de la competencia externa. Desde la perspectiva de estos economistas encabezados por Carlos Salinas de Gortari, la lógica de la oferta y la demanda globales era la vía más eficiente en la asignación de los recursos escasos; era la única forma de superar el subdesarrollo e introducir a México al selecto grupo de los países triunfadores. Por ello, la gran meta del grupo salinista fue lograr la integración de México a la economía más fuerte del mundo mediante un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Para no repetir la triste historia de Mijail Gorbachov en la Unión Soviética que por reformar políticamente un viejo sistema estatista y autoritario destruyó tanto al sistema como al país , los tecnócratas decidieron que el camino adecuado era una modernización selectiva: transformar la economía, pero preservar y usar a fondo los instrumentos políticos heredados: autoritarios, antidemocráticos y premodernos. Fue así como el salinismo dio forma a algo que se puede llamar autoritarismo de mercado.

El término mismo de neoliberalismo nunca fue aceptado por aquellos que lo aplicaron en México, y hoy una buena razón histórica para ello. La revolución mexicana, origen de las estructuras y prácticas política vigentes, se concibió a sí misma como una reacción contra los terribles efectos sociales del liberalismo mexicano del siglo XIX en las comunidades indígenas y ciertas capas medias y proletarias. Es por ello que la constitución de 1917 fue, en buena medida, una reacción contra el liberalismo y sus concepciones del individuo y la sociedad. De ahí que el término con que Carlos Salinas de Gortari identificó su proyecto fuese el de liberalismo social, concepto que pretendía ligar la legitimidad del pasado estatista donde se suponía que el interés colectivo subordinaba al individual  con la nueva economía de mercado.

La contradicción entre teoría y realidad que experimentó el liberalismo del siglo XIX volvió a ocurrir, aunque compactada, con el nuevo liberalismo de fines del siglo XX.

Frente al término de social, otros adentro y afuera de México prefirieron darle un título más simple y más en boga: neoliberalismo. Sin embargo y en sentido estricto, ninguno de los dos calificativos ni social ni nuevo  es realmente el adecuado, pues en la práctica aquello a lo que se califica de liberalismo no es otra cosa que un neomercantilismo[1].


[1] Término usado para describir la política de un régimen que fomenta las exportaciones, desalienta las importaciones, los controles de circulación de capital y moneda centraliza las decisiones en manos de un gobierno central.

OzzBarrera

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