Neoliberalismo [Parte 11]

La tercera influencia proviene del modelo Alemán de gasto social. En primer lugar, la influencia de la perspectiva social del canciller alemán Bismark sustentada en el seguro social y, en segundo lugar, la influencia de la perspectiva social de la República de Weimar[1], la cual se sustentó, en una profunda reforma de los derechos laborales, y en la intervención del Estado como árbitro de los conflictos laborales.

La cuarta influencia se debe al modelo beveridgiano (Inglaterra, después de la Segunda Guerra Mundial), bajo el cual se promueven políticas universales de bienestar. Por último, la teoría intervencionista Keynesiana, justificó un mayor gasto estatal destinado a la inversión para incrementar la demanda agregada.

La estrategia neoliberal ha desmantelado al Estado Benefactor, se ha buscado privatizar la producción y el acceso al bienestar, y se ha instrumentado la integración de México a los Estados Unidos. En este esquema, el crecimiento económico ha requerido de reformas estructurales que amplíen los espacios de oportunidad e incentiven la asignación eficiente de recursos. El Estado se ha orientado a promover estar reformas.

A finales de 1988 había 449 dependencias y entidades paraestatales, a finales del año 2000 se habían reducido a sólo 180. En materia presupuestal el ajuste ha sido drástico, el gato neto total del sector público como proporción del PIB pasó de 41% en 1982 a 21.8% en el año 2000, como resultado de una clara tendencia decreciente a lo largo del periodo.

Además la distribución funcional del gasto público se ha modificado. En el periodo 1953 a 1982, que comprende desde la presidencia de Adolfo Ruiz hasta la de José López Portillo, los promedios sexenales de los gastos con fines económicos, sociales y administrativos fueron 50%, 25.4% y 24.6%, en tato que para el período de Ernesto Zedillo, esta distribución fue de 31.4%, 52.6% y 16%.

Destaca la reorientación del gasto a los fines sociales, específicamente a educación, salud y pobreza extrema, con dos objetivos muy específicos, apoyar la formación de capital humano y ampliar los límites de las relaciones mercantiles mediante la incorporación de grupos excluidos de los mercados. Así, en el período neoliberal se observa una clara tendencia ascendente en el gasto social como proporción del gasto total, pasando de cerca del 15% en 1987 a más del 140% en 2002.

No obstante, el modelo neoliberal mexicano ha omitido las particularidades configuradas en cuarenta años de fuerte intervención estatal así como las particularidades resultantes de la posición desventajosa de nuestro país en el mapa económico mundial.

Después de más de veinte años, el nuevo modelo no ha sido capaz de promover un ciclo de crecimiento alto y sostenido, el efecto benéfico de las reformas estructurales es temporal y concentra sus beneficios en los grupos sociales propietarios del capital, quienes exigen más reformas estructurales.

El modelo ha quedado entrampado en la función de estabilidad, la cual se concibe como una condición necesaria aunque no suficiente para el crecimiento económico, pero en este marco macroeconómico los capitales líquidos llegan al país como si se tratara de un casino, aprovechando el comportamiento del precio de los activos financieros para obtener jugosas ganancias, se trasladan de la bolsa, al mercado de deuda y de ahí al mercado de divisas.

El nuevo modelo ha fracasado rotundamente en la generación de oportunidades, resultado que sería la principal virtud del sistema espontáneo de Hayek. En México, la reforma educativa ha limitado al acceso a la educación superior, la reforma a las instituciones de salud prácticamente ha significado su desmantelamiento, con la consecuente reducción de facto de la calidad de sus servicios; la creación de empleos no ha logrado recuperar la pérdida de éstos, en los períodos de crisis, el mercado laboral no ofrece oportunidades a los jóvenes y en general los puestos de trabajo tienen baja remuneración e incertidumbre laboral. Los logros en materia de combate a la pobreza se han reducido a trasladar a los pobres extremos a la línea de pobreza, al escalón más bajo en la estructura de la distribución del ingreso.


[1] Fue el régimen político y, por extensión, el periodo histórico que tuvo lugar en Alemania tras su derrota al término de la Primera Guerra Mundial y se extendió entre los años 1919 y 1933.

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